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3.11.08

Poema XXX



"Sabrás por la presente que empeoré de vida."
Mariano Maresca

Y puedo traerte
como la noche
y condecorarte de espumas y pétalos roídos.
Como la noche y la muerte, pequeño fantasma…
como los pasos sigilosos del oscuro placer, del último suspiro.

Y el espejo tibiamente
otra vez
me descubre vencida.

Porque las manos se me hielan
y las paredes me gritan lentas madrugadas de asfixia.

Soy otoño para estas sábanas en espiral,
para este viento de muerte volátil.

(y abro la piel para encontrar tus caricias taciturnas)

Es esa sensación de humedad en las pupilas
mientras llueve.
Es esa soledad invisible de espejo más desierto.


MA. SOLEDAD DI PASQUALE



23.9.08

Hoy te pienso

Te retuerzo en el balde de las soledades.
Te olvido…
(por instantes y silencios).

Te deseo.
Te entrevero en las ramas del porvenir,
enredado a mi cuerpo,
dormido.

Te aplico,
a mis versos
todos.

Te incorporo a los panes
que mis manos amasan.


LARISA CUMIN

6.9.08

Poema XY

Y te veo ahora
disparado de mil cielos
circundando estos espacios
de mi sangre
Te veo y te renombro
en estas horas
que imaginan tu presencia
Te convierto en papel y palabra. Como ahora
Y me sorprendo
He descubierto un hombre
entre tanto palabrerío.
De verdad
Me siento conmovida
y maravillada.


NATALIA GIGLIOTTI

31.8.08

Escribo

Para sumar ceros a la izquierda y que cuenten.

Para las puertas de mis manos.

Para que no se seque el alma en el tintero.

Para pasar por todas mis vidas en un solo cuerpo.

Para las realidades de cualquier tamaño.

Para ser el polvo de mis huellas.

Para los colores nuevos entre tantas convenciones.

Para no morir en letras.

Escribo.

NADIA ROMÁN

25.8.08

CierrAbre

Este es el secreto:
sé tu nombre hasta donde calla

Cuando lo pronuncio,
abrevio lagunas y diptongos

Porque con un beso alcanza
para que mi voz se fugue hacia tu voz

Voz
Vos

Vivir
es una agonía de un segundo

(entre vos y voz)




Tu nombre es lo más parecido a un acordeón,
no se sabe nunca si está dormido, enojado o entre risas

(rara costumbre de orugados)

Siempre comienza cuando acaba,
es decir nunca acaba porque nunca comienza...

(es de a ratos un pincel)

-∞

Tu nombre es el reverso de tu nombre

un reducto, un renombre...

LEONARDO PEZ

1.8.08

Crónica: Días

Aplicados a la medición del paso del tiempo, los números redondos suelen resultar impactantes. En cuanto uno se descuida, un acontecimiento que parecía haber ocurrido hace poco, se nos revela sucedido hace 10, 20 o 30 años y nos devuelve bruscamente a una dimensión temporal implacable que, por lo general, queda oculta tras los engañosos pliegues de lo cotidiano.

Experimenté esa sensación en carne propia el año pasado, cuando cumplí los 40. La vuelvo a experimentar hoy, porque estoy cumpliendo 15.000 días de vida.

Decir "quince mil días" conmociona, provoca cierto grado de vértigo. "Quince mil" suena a cantidad de víctimas de un terremoto, o algo así (curiosa asociación ésta, pues no estamos hablando de muertos, sino de vida; a no ser, claro, que incurramos en la licencia poético-filosófica de considerar muertos a los días ya vividos). Pero al mismo tiempo, la magnitud de la cifra desdibuja las singularidades de cada unidad que la compone. Hablar de "quince mil días" disuelve los contornos particulares que cada uno de esos días ha poseído, su carga irrepetible de alegrías, problemas o ilusiones. Decir "quince mil días" permite abarcarlos mentalmente a todos en un sólo racimo, pero a costa de concederles una igualdad intrínseca de la que en realidad carecen.

Quizás por esta misma razón, la primera pregunta que surge ante la inminencia de semejante hito cronológico es: ¿cuántos de esos 15.000 días soy capaz de recordar con precisión? Se trata, intuyo, de un intento -fatalmente parcial y acaso vano- de restituirles la individualidad perdida.

Me caracterizo por poseer una notable capacidad para registrar fechas en mi memoria, pero es evidente que eso no alcanza para impedir que los días recordados constituyan una abrumadora minoría. Puedo enumerar sin dificultad qué día conocí a ciertas personas, qué día presenté cada uno de mis libros, qué día me recibí, o qué día empecé a trabajar, y evocar claramente, al hacerlo, cada uno de esos momentos. Pienso también en fechas vinculadas a la historia del país (11 de marzo de 1973, 1º de julio de 1974, 2 de abril de 1982) e inmediatamente se presentan en mi cabeza imágenes de lo que estuve haciendo los días en cuestión. Lo mismo sucede con fechas vinculadas al deporte y con los sucesivos cumpleaños propios, de familiares y de amigos. Entra, también, en este apretado inventario, el inexplicable registro de ciertas fechas que están allí sin que nada lo justifique (ninguna de las personas que conozco recuerda, por ejemplo, que el 13 de junio de 1974 Brasil y Yugoslavia inauguraron el Mundial de Alemania empatando 0 a 0, o que el 20 de julio de 1976 la sonda Viking se posó sobre suelo marciano, y sin embargo sobreviven ilesos a esta razonable amnesia). En suma: aún con el aporte extra de estas rarezas mnemotécnicas que me distinguen, el listado de días vividos perfectamente identificables constituye un porcentaje demasiado escaso en relación al total.

Primera y paradójica conclusión, entonces: a pesar del asombro que suele provocar mi memoria entre quienes me conocen, el verdadero motivo de sorpresa no está dado por todas las fechas que soy capaz de recordar, sino precisamente por lo contrario, por la descomunal cantidad de días que se han desvanecido para siempre, extraviados sin remedio en la neblina de la rutina escolar, estudiantil y/o laboral.

Claro que esta melancólica comprobación no debería sumirme en el desconsuelo. Después de todo, la mayor parte de los recuerdos se conserva sin fecha precisa de origen. Y lo que en verdad importa es justamente su conservación, no la exactitud matemática de su ubicación temporal. Puede entonces que no logre determinar qué hice con mi vida el 6 de noviembre de 1973, o el 27 de agosto de 1992, pero ¿cómo olvidar la mañana en que me metí por primera vez al mar, la tarde en que terminé de leer extasiado "La vuelta al mundo en 80 días", o el día que "2º C" le ganó el clásico a "2º B" con un gol mío sobre la hora? A la luz de esta certeza, el dato concreto pasa a segundo plano, se vuelve irrelevante. Considerados en sí mismos, los días serían, desde esta perspectiva, apenas un mero envase destinado, en la mayoría de los casos, a sacrificar su identidad en aras del especial contenido que los llena.

Esta preeminencia del contenido, sin embargo, me conduce a un interrogante aún más perturbador que el primero: ¿cuánto de lo que he vivido recientemente habré de recordar dentro de algún tiempo? O dicho de forma más incisiva: ¿cuántas de mis acciones diarias, cuántos de esos compromisos y urgencias que tantas horas me consumen y tantas preocupaciones me generan tendrán la significación necesaria como para ser recordados en una década o dos? Tampoco aquí caben las respuestas definitivas, por supuesto, pero mucho me temo que -por expresarlo en términos suaves- un porcentaje considerable de mis días actuales está sacando boleto de ida hacia la nada con absoluta impunidad.

Es altamente improbable que las proporciones estadísticas negativas de la memoria puedan revertirse por puro voluntarismo, pero deberíamos actuar como si se pudiera. Habría que esforzarse un poco. Sería cuestión, tal vez, de no seguir desperdiciando lastimosamente nuestro tiempo en tantas tribulaciones vacuas. Sería cuestión, tal vez, de aprovechar cada día para meterse en otros mares, descubrir nuevos mundos imaginarios o hacer goles importantes en otros arcos. Sería, tal vez, cuestión de merecer el recuerdo futuro.

Es cierto, quizás ni siquiera así alcance. Quizás permanecer en la memoria sea necesariamente el privilegio de unos pocos días. Tal vez éste no sea uno de ellos. Es probable, entonces, que llegue un momento de mi vida en que ya no recuerde qué fue lo que estuve haciendo este jueves 13 de julio de 2006. Hasta es posible, incluso, que tampoco recuerde haber escrito este artículo.

Sin embargo, lo escribo igual.

Al fin y al cabo, quizás sólo por eso escribe uno: para combatir el olvido.


(julio 2006)
Alfredo Di Bernardo

26.8.07

Homenajes en la Peña del Regalador

Nuevamente, en el marco de la Peña de Alfredi di Bernardo por los 5 años del Regalador, algunas de las integrantes del grupo literario sub 20 (ex sub-20, ahora llamado "juvenil") realizaron los respectivos homenajes a sus autores preferidos.

El texto que acompaña las fotitos de estas muchachas es mi homenaje a Cortázar, que es diferente al de la vez pasada, solo por eso.
Saludos a todos, chicuelos, y desde el proximo encuentro empezamos de nuevo con la revistita???
July








Queridísimo lobo,
¿En qué parking me esperarás?

Se me hacen agua las manos intentando retener ese hilito que tiembla y se escapa, esa Osita que sabe que es imposible, que será la aventura final, que después de tanta hermosa ficción se acerca imparable, ineludible, lo que conocemos –o no conocemos- como realidad.

Se me hace imposible detener la angustia de tanta sangre,
Contener la alegría de tantos parking
Esconder la vergüenza de los horrores floridos

¿cómo no enamorarme de tu paz y tu dolor?
¿cómo no seguir buscándote por todas las páginas que escribiste, que alguna vez tocaste, que te hicieron temblar desde adentro del cuerpo?

Lobo, la lucha no termina.
¡Se hace de noche y queda tanta revolución en las manos!

Pero hay algo que según parece no quedó muy claro:
La revolución no es el sueño eterno que todos esperan que sea

La revolución está en tus ojos, Lobo
en cada casillero de la Rayuela,
en cada huella del Mandala
en quien te busca, en quien te lee.

Y la lucha no termina, te juro
Porque más allá de la autopista empieza el verdadero viaje:
Marsella no es el final de la historia
Y el hilito de agua que se te escapó de las manos
Se escurrió lentamente para quedarse en tu eterno París...

Creéme, Julio, que no te espero. No.
Yo no te espero.
Yo sólo busco las flores amarillas que me dejaste en los renglones
Sólo busco contagiarme de tu inmensa sed de palabras,
de poéticas
de mundos posibles


Y sueño con darte un abrazo que te devuelva de un tirón a tu autopista
Y sueño con una revolución desde tus manos
Y sueño, queridísimo Lobo
Con que algún día

puedas leer estas palabras.


Ma. Julia Ruiz

27.7.07

Importado de Venezuela

Hay todavía puentes por atravesar


Faroles escondidos en la noche
que tendremos que encender
con ambas manos
desnudas


vocablos luminosos que
guiarán nuestros pasos en
la
sombra


pájaros por sentir
revoloteando en la
sangre


minutos por soportar


calor por sentir


hay
todavía
vida
por
absorber



Arturo Castro Godoy

12.7.07

Carta Abierta a Joaquin Sabina

CARTA ABIERTA A JOAQUÍN SABINA

Mira, Joaquín, antes que nada me gustaría aclararte que no tengo nada personal en tu contra. No soy uno de tus admiradores incondicionales, es cierto, pero reconozco que, en general, me gustan tus canciones (algunas de ellas, incluso, me parecen realmente excelentes). Además, tú me caes simpático. De manera que no te predispongas mal hacia mí por estas líneas que te escribo: no me mueve, al hacerlo, ningún fanatismo inquisidor. Te preguntarás, entonces, a santo de qué las escribo. Pues bien, digamos que lo hago con el fin de denunciar una flagrante injusticia de la que somos víctimas decenas de miles de hombres argentinos. Una arbitrariedad enojosa de la cual -por cierto- no eres el culpable sino apenas la excusa o, en todo caso, el detonante. Me refiero a una serie de ingratas consecuencias que acarrea este curioso fenómeno (¿social?, ¿cultural?, ¿sexual?, ¿sentimental?) que te tiene por feliz protagonista, este amor fervoroso y desbordante que te profesan las mujeres. Me refiero, Joaquín, a ciertas amargas derivaciones de este frenesí femenino colectivo que excede largamente el insatisfactorio argumento sociológico de la relación entre el público y sus ídolos, esta devoción situada a años luz de la histeria que despiertan un Ricky Martin o un Chayanne. Porque, Joaquín, convengamos que lo que esas mujeres sienten por tí es un enamoramiento mucho más sustancioso que una excitación de quinceañeras hacia el galancito de moda. Ignoro hasta qué punto eres igual al personaje que construiste a través de tus canciones. No sé, tampoco, si la construcción de ese personaje fue algo premeditado o si la cuestión se escapó de tus manos. No importa; en cualquiera de los casos, lo que cuenta es que miles de mujeres te adoran hasta el delirio. ¿Te muestras vago, noctámbulo y atorrante? Ellas te veneran igual. ¿Te dices cínico y escéptico? Ellas te lo perdonan. ¿Te confiesas militante de todos los excesos? Ellas te lo consienten. ¿Te reconoces pecador reincidente? Ellas te absuelven. Peor aún: manifiestan con descarado entusiasmo sus intenciones de ir al infierno contigo. Como comprenderás, Joaquín, la situación de todos los hombres que no somos tú es radicalmente diferente. Lejos estamos de gozar de los mismos privilegios con que las damas te han ungido. Aquí, en los trabajosos parajes de la cotidianeidad, imitar tu filosofía de vida constituye una osadía que se paga con intereses usurarios. Una noche de parranda escandalosa con amigos puede costar un abandono aún más escandaloso. Un elogio desmedido hacia la delantera de Carla Conte o la retaguardia de Pampita puede despertar impredecibles efectos secundarios. Un comentario sarcástico sobre la vida en pareja o la institución matrimonial puede provocar hirientes reprimendas, más punzantes que un bisturí. Dime, Joaquín, ¿por qué a ti las mujeres te festejan lo que a nosotros nos cuestionan? ¿Por qué suspiran cuando declaras cosas que, puestas en nuestra boca, sólo generarían la más incontrolable de las iras o el desprecio más tajante? ¿Por qué tus vicios son ensalzados como virtudes y los nuestros -que son tan parecidos a los tuyos, fíjate tú qué paradoja- son causales latentes de divorcio? ¿Por qué te prefieren, Joaquín, aunque tú te empeñes en encarnar el manual viviente de los malos maridos? Podrás decirme que ahí radica justamente el meollo de la cuestión: que tú no eres el marido de todas ellas, y que ellas tampoco te quieren para que lo seas. Ya lo explicó Balzac: "Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido, porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días". Buen punto, sí, pero las cosas no son tan sencillas. Porque te aseguro que ni aun jugando el rol de amante ocasional podemos aspirar a obtener un beneplácito equivalente. ¿Qué pasaría si intentásemos dibujarle a alguna señorita un corazón debajo de su falda? Seguramente recibiríamos a cambio una contundente bofetada o una denuncia por abuso deshonesto. ¿Y si incitáramos a alguna casada infiel a que utilizar el cristal de su foto de bodas para el último gramo, o le propusiéramos a una dama merendar besos y porros? Nos mirarían horrorizadas, nos insultarían, nos tildarían instantáneamente de abyectos y de enfermos. Y sin embargo a ti, por escribir cosas como éstas, te idolatran. No hay derecho, hombre, no hay derecho. Un amigo aficionado a incurrir en reflexiones cuasifilosóficas me dijo hace poco, tratando de consolarme, que tal vez las mujeres se entusiasman con tus planteos sólo porque los haces en tus canciones, y no en el contexto de una relación real. Se preguntaba mi amigo cómo reaccionaría cualquiera de tus admiradoras si, al llegar del super protestando por el precio de la carne, tú la recibieras atajando su indignación con un cortante "no me pidas llegar a fin de mes". Tal vez tenga razón; tal vez tu función sea justamente ésa: ocupar el rincón de la fantasía en el corazón de miles de mujeres. Quizás las ayudas a reflotar ilusiones vencidas, a apuntalar secretos anhelos, a vengar íntimas frustraciones. Puede ser; la hipótesis parece atinada. Pero no evita que nos sigan midiendo con distinta vara. Y cualquiera sabe que es imposible competir exitosamente contra las fantasías. En un par de semanas te irás de la Argentina, y el alboroto que has causado con tu visita seguramente se apagará. Sé, sin embargo, que nuestra incómoda posición no variará en absoluto después de tu partida. Ellas no se olvidarán de tí, Joaquín. Ni aunque vuelvas a estar lejos. Ni aunque pasen diecinueve días y quinientas noches.



Alfredo Di Bernardo

30.6.07

A Pablo Neruda, por su canto


A Pablo Neruda, por su canto

Canto este canto como quien canta a quien ama inmensamente
A quien titila en el espacio amando una idea mal hecha, maltrecha
Detrás de las piedras y los arrabales. Te canto
A vos, amigo amante compañero
Que pudiste cantarle a la ceniza de la muerte sin temerle
A vos, poeta de amor y de lucha
Que le cantaste a mi tierra con todos los colores de la voz y no te enmudeció y la seguiste amando… así a la tierra, Pachamama
Me saco la galera ante usted… compañero
Me someto a esta América que no escribe y que ha quedado malsana de tantas miserias
Me quedo con 500 años… de un látigo que castigaba al que no era culpable
Uno dos tres cuatro cinco…las estrofas de mi canto, la mensura en silencios de tu sonrisa…
Seis siete ocho nueve diez… un par de látigos y mi gaucho pobre detrás, refalando estaqueando. Silencio.
Diez veinte treinta cuarenta cincuenta… no hay cuentas de la edad del dolor…
De esta Latinoamérica que atrapa y sorprende… que duele. Como te dolió a vos compañero y saliste a acariciarla con palabras…
A esta, Nuestra Latinoamérica incompleta y boba, desnutrida, plagada de besos de mártires de zapatistas de canciones de olvidados de Héroes NN…
Nuestra Latinoamérica de desaparecidos de silencios, de indios de gauchos de zambos de cholos de negros de poetas de compañeros…
Canto, a pesar del hambre roto de los hombres, te canto. A pesar de este silencio insoportable que sacude las entrañas. Para gritarte en el papel que te amo y que te odio, hermano, patria en tinieblas,
muerte sacudiendo en las esquinas el pasado sin tiempo
el dolor sin estrofas la vida clavada en la garganta
Canto, porque me quedan las manos, pequeñas y frías, pero me quedan las manos…
Natalia Gigliotti-

26.6.07

Ay, chango...


Tus formas de adueñarte de los caminos y detener la ciudad. Y en el fondo no lo lamento. Porque al ritmo de tus pasos y tus parpadeos, el suave vislumbre de tu mirada… encuentro las orillas de los ríos que me pueblan las mejillas y la voz. Y do-re-mi-fa-sol-la-si… y sigues hablándome al oído, chango. Sigues licuándome la sangre de temblores y balbuceos.
Y detener la ciudad se resume, quizás, a caminar apretando mis dedos contra los tuyos. De la mano, mi amor… de la mano… los sauces se vuelven vulnerables tréboles revolucionarios a mis pupilas, la gente se besa y se recita estribillos de Silvio, el humo se vuelve verano y primavera y cursilería: y no lo lamento. En el fondo no lo lamento.
Te miro a los ojos… esos ojitos de noche, y tiemblo. Las palmas de las manos me transpiran, el cosquilleo en el ombligo y la taquicardia. Y ese beso, chango… ese beso que me das –siempre el primero de todos los besos- como si te conociera de apenas un otoño o de toda la vida. Y tu cuerpo… ese Pont des Arts de piel y niño. Y el París de tu boca, y el cielo de tus abrazos… Ay, chango, cual cíclope de boca en boca me desnudas el alma. Y ese vientito en la cara, mientras me tomo a tu cintura y dejo que me ames, y dejo que me lleves al fin de todos los mundos… de ojos cerrados y sintiendo cada latido que lleva tú nombre.
Y saberte a mi lado. Caer en la gloria de verte dormir asomado a mi pelo. Me vuelvo una niña cada vez... Y me dejo caer en esos párpados, tan tuyos, que me quitan el aire y me salvan.
-Un té de Menta Peperina… para él.
-Un cortado pequeño… para mí…
Tu mano jugando en mi espalda, y el “Te amo” al oído, chango. Dos palabras temblándome en el cuerpo… hasta el último rincón y el último silencio.


María Soledad Di Pasquale Sánchez 25/06/07

24.6.07

Buscando nuevos géneros...

Y de esa búsqueda, resultó el Género Epistolar
primera entega... Leo Pez-July Ruiz


Compañera de estas galaxias:

Estamos frente a frente, vis a vis como le gusta decir a los presumidos, comparándonos por la extensión de nuestras coplas, o por el feedback que configuramos en la ronda del mate. Un mate imaginario, por el que rumbean versos como sustento, como paredes internas de nuestra biblioteca.

Transcurre el mate imaginario, con escasa luz de oficina, aunque con mucha claridad en las luciérnagas que revolotean a nuestro alrededor como crisantemos oblicuos. Y en medio de mí y de las circunstancias, me decido a escribirte, a pesar de no ser diestro con la pluma como con los sueños.

(Los intervalos corresponden
a las cecas)

Te habrás aburrido ya de mis controversias de entrecasa; siento que a veces uno es un eterno cabriolo sin sentido, o un garabato de la mañana que se transforma en el protagonista de nuestros sueños (nueva alusión consciente del inconsciente) Por eso te hablo de lo cotidiano, aquello que querrás saber de mí, cuándo debo ir al dentista o si conseguí laburo en algún lado. ¿Dónde mierda dejé la yerba? No importa.

Imagino una ronda interminable, ¿vos? ¿Creés que el mate es una pared o un cuchillo? Si no te cansan estos puñales teledirigidos pero auténticos, no me lo agradezcas. Los mates no se agradecen. Espero tu teoría de las yerbas, ya que alguna vez quizás el tiempo nos coloque en nuestro lugar, y así seamos nosotros, los instrumentos de un diálogo que comprende al universo y lo dibuja con tiza.

Fin de la ronda;

L.



Querido Juglar

¡Cómo no responder ante tal iniciativa! Si bien, creo, tenés sabido que el género epistolar se me disuelve en las manos como se disuelve la música en los latidos del aire, haré mi mejor esfuerzo para sentirme digna de tan grata ocasión.

-espacios en blanco -

¿Qué puedo responder? ¿qué puedo decir? Primero que nada, muchas gracias por los intervalos: el humo se hace más espeso cuando no hay poesía para respirar, y las colillas se apilan en el cenicero como luciérnagas ardientes.

No creas no ser diestro en estas cuestiones; si por fin puedo poner en uso esta frase del gran Manco Cervantes, puedo decirte sin problemas que la pluma es el lenguaje del alma, que nos sobran los años para aprender a DECIR de todas las formas posibles, que no se termina la vida sin reinventarse, que podemos buscar nuevos rumbos
nuevos mundos.

-intervalo de incienso-

Acepto cada ronda del mate que pueda llegar hasta mis ojos. Entre el polvillo verde y los palitos flotantes espero encontrar la respuesta de porqué uno se siente menos solo.
No sé, cuestiones metafísicas que me planteo como se planteaba Oliveira, mientras jugaba a ser malabarista desde una ventana en Buenos Aires. Delirios cósmicos, al fin.
Pero eso sí: no puedo dejar de plantearme esta sana costumbre de versificar el universo. Creo que te pasa lo mismo ¿no? Juglar es una linda manera de llamarte. Espero que no te ofenda tanta complicidad.
Te dejo colgada en el capítulo 43 de la Rayuela todas las teorías sobre yerbas que pude alguna vez pensar o sentir, pero no decir. Si, el maestro se adelante, siempre.
Y te dejo los restos de cenizas para que dibujes algunos garabatos en la pared, pero eso sí: no te olvides de mi nombre.

Espero otra ronda, pronto.

26.5.07

A nuestros padres!

Aclaración: Faltan las fotos y textos de Josefina Dalla Fontana (para Olga Orozco) y de Natalia Gigliotti (a Pablo Neruda) que vienen en la próxima!

IV

Basado en un poeta real

Creo que Mario tiene razón
La poesía es un altillo de almas
desoladas petisas cursis
También es la arteria por donde circulan los hábitos
y se dibuja la conciencia...

Porque cuando sangramos nuestras penas,
sangra la belleza, Mario, y vos lo sabés bien.
Somos poetas y además hacemos explotar con una auscultación quirúrgica
las estrellas y, en mil pedacitos, las hacemos iguales a nosotros, pedacitos de plural.

La poesía no sirve
para amantes ni para odiantes,
es madera y dios...

Creo que tenés razón, Mario.
A veces olvidamos la lamparita de aceite encendida
y el altillo parece una fiesta bochornosa de pobre luciérnagas,
pero no deja de ser (la poesía) uno de esos vitrales para la tristeza.

Escribimos para que en este sótano invertido,
en este cielo nitroso y de tercer mundo,
en este drenaje de la vida,encontremos a alguien como vos, amigo Mario, que nos enseñe a no temer la muerte.

Leonardo Pez



A JULIO

Qué lindo sería, tocayo
poder regalarte una rayuela
llena de calidoscopios
que te conmuevan hasta las costillas
en un vapuleo interno.

Que lindo que sería
invitarte a saltar conmigo,
en el mismo patio de la infancia
que a veces abre la puerta despacito
y vuelve a llamar.

Que lindo, de verdad
que te unas a este movimiento de gorrión,
me agarres la mano
y saltes conmigo
por todos los instantes de la niñez

por todas las parcelas de la vida
que dibujé para vos con tizas de colores
con libros y jazz
con mates y juegos

Serías siempre bienvenido
a analizar la orientación de mis gatos,
mis pequeñas esfinges peludas
que cantan indiferentes del mundo.

Qué lindo sería traerte en un Happy New Year
y que me cuentes donde termina tu lucha
y empieza la mía

Que lindo, ahora
ver todo lo que me dejaste sin haberme conocido,
ver tu legado de cronopios y Magas
creciendo en las paredes de mi vida,
tapizándome las horas
enraizándose en los talones
hasta correr convertidos en tinta
ahora despilfarrada por mi.

Que lindo,
pero qué lindo sería, tocayo
poder tomar esas manos

tomar de entre la magia que duerme en esas manos
una tiza de canela
para seguirte en el laberinto irrevocable de la ficción
que atraviesa la vida.

Que lindo tenerte y sentirte latir en mis ojos,
entre tus letras

que lindo tocayo
haberte conocido.

Ma. Julia Ruiz


DESNUDOS TUS OJOS

A Alejandra Pizarnik.



“Ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un

manto:

en el fondo de todo jardín hay un jardín.

Ahí está tu jardín,

Talita cumi.”

Olga Orozco




Cómo no sentir,
Alejandra,
desnudos tus ojos,
devorando sin pausas los insomnios con el llanto a la intemperie,
respirando de la espera que arde debajo de otros pasos.
Te envuelven los temores de la espuma
de otra orilla que lleva tu nombre
y la muerte del pájaro profeta.

¿En qué jardín de lilas me has de esperar, oculta en el lenguaje,
para beber el frío y el viento débil que te acuna?

Si a tu lado caminan inertes tus huesos vagando,
si la noche sufre
y te ausentas de la niña que te invoca al otro lado del espejo.
Si cierras las puertas, humedeciendo las palabras vestidas de vacío,
prisionera en la jaula solitaria.

Te dejaste caer y doler.

Y señalaste tantas veces el infierno
hasta pulverizarte las manos y los ojos,
hasta que el fuego de la noche se arrastró por tu sangre.

Y te observé temblar,
cada vez más lejana de la seda sonámbula,
hasta ser verbo de la muerte y su sombra.

Ma. Soledad di Pasquale Sanchez.

14.5.07

"Escrito del Colectivo" -Cadáver exquisito para la Presentación

Quizás pareciera que las palabras nos aúnan,
pero no. Poetas incurables, nos acercan los libros.

Y cómo no ser amantes oportunos e inoportunos
de la letra y su noche amante.

Nunca hay oportunidades tan oportunas
que nos abran constantemente al verso.

Y aunque sabemos que no tenemos París,
podemos seguir soñando desde este otro mundo posible.

Y nos gusta cultivar la poesía y de vez en cuando
reaparecer en cuentos, a pesar de que creemos
que vamos caminando, simplemente...


Juli, Sole, Nati, Leo, Jose

1.12.06

Una cronopia en acción


La tarde se hace añicos
y tu olvido me lleva
al eterno deseo de volar.

Lo más urgente es
despegar de estos pies
el aliento a soledad.

Y mi espalda se eleva
al saber una mano cerca, al sentir el veneno sutil que proporciona una lengua



Josefina Dalla Fontana

25.11.06

el huidobriano!

El agua que dimana

Entre el mar y el río
se escapa el pintor
sin que lo vean

Entre el mar y el río

Entre el río y la orilla
se escapan los colores
y las infraestructuras

Entre el río y la orilla

Entre la orilla y el hombre
se bostezan el allá
y el más allá

y hay un lento cauce:
un agua que dimana

Entre la orilla y el hombre

Entre el hombre
se escapa la leve poesía
(pero nadie la recuerda)

Leonardo Pez


19.11.06

La premiada


LOS ROSTROS SE DESHACEN

Los rostros se deshacen, se evaporan
pero consigo recordar las palabras

sé que morí varias veces
en suspiros ajenos y me dejé ir...

Me dejé arrastrar por otras olas
y otros vientos. Y me dejé nacer de nuevo

Volví a conocer la debilidad de la carne
en otras bocas, entre otros pliegues
descubrí la inocencia embriagadora
de la piel extasiada hasta los huesos

respiré de nuevo, sola y conmigo
los rostros volvieron a deshacerse,
pude recordar las palabras
volví a morir, sólo debo dejarme nacer.

Natalia Gigliotti

14.11.06

Sonido Lila


Sonido Lila
24 de Noviembre de 2006
Living 33 (Belgrano 2719)
23.00 hs.
Anticipadas $5 (anticipadas@hotmail.com)
Entradas en la puerta: $6

11.11.06

La querida Solecita


La ventana cerrada. Y seguimos acá, del otro lado del ocaso transparente de los días, donde ya nadie llora las noches que no llegan y los pasos que no arden. Tu boca no es la misma, y la cama que moldeamos con sábanas y lunas se equilibra de relojes sin arena y margaritas de espuma melancólica. Sabe Dios, o quién… cuál es el resultado de los días y las horas frente a tu cuerpo helado y tergiversado por el aire… no creo yo saberlo. Mientras tanto seguís ahí, y la ventana cerrada acompaña la espalda solitaria que, cargas como cruz… de años sin miradas y sin roces.
Yo también espero un amanecer diferente, pero ya sin ventanas donde ocultar tú sombra.




Sole- 20/01/06

13.9.06

VÉRTIGO

VERTIGO

Ámame
desde la palmera,
desde el instante previo
al olvido

Ámame
desde la cima,
porque estoy seguro que
amándome desde donde me amas,
me obligas a encumbrarme

Ámame en do re mi fa sol la
pero en neblinas de marte
o detrás de cristales

Ámame desde la lujuria más santa,
aclarando las virtudes ortopédicas
del encandilamiento previo al encuentro

Ámame,
pero no de a tantos ni de a sustos
sino desde la cima estéril,
que sin embargo me acerca un instante previo...

LEONARDO PEZ